Apertura

V Coloquio de Infancia

Las palabras, las niñas y los niños: poemas y relatos, canciones y rondas, dibujos y libros

Karina Claudia Bothert

En el segundo semestre del presente año, se llevó a cabo el V Coloquio de Infancia, organizado por el Grupo de Investigación Lenguaje, Discurso y Saberes, la Catedra Unesco en Desarrollo del Niño, la Maestría en Infancia y Cultura y la Especialización en Infancia, Cultura y Desarrollo de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.

Este espacio académico buscó generar otro tipo de encuentros diferentes al del aula de clases, en donde se hicieron presentes el diálogo y la reflexión sobre temas de vital importancia para el proceso formativo.

El tema que nos reunió en esta ocasión fue Las palabras, las niñas y los niños: poemas y relatos, canciones y rondas, dibujos y libros.

El interés y el estudio sobre las palabras no es nuevo, este interés es viejo, tanto en lo referente al desarrollo filo como ontogenético. Por ejemplo en el grupo de investigación Lenguaje, Discurso y Saberes en sus casi 20 años de existencia, en cada uno de los trabajos que sobre el lenguaje, las narrativas, los relatos, realiza, se convierte en una disculpa, para acercarnos al mundo de las palabras con las que como adultos guía, tutores, educadores, pedagogos, psicólogos, padres, facilitamos o “no” el proceso de humanización del niño y de la niña, y el otro proceso todavía más complejo, el de su devenir como sujeto.

Sabemos del peso, del rol y de la importancia que tienen las palabras, finalmente es a través de ellas y por ellas, que el hombre se ha distanciado de los otros animales. Ellas, las palabras están allí dispuestas, antes de nuestra llegada al mundo, marcando la forma en que somos recibidos y acunados para finalmente, ser la plataforma a partir de la cual: interpretamos lo que nos rodea, damos crédito o culpamos a nuestros semejantes y negociamos nuestras relaciones con ellos.

Muchas preguntas con respecto a las palabras en la vida del ser humano en general, y en el niño y la niña en particular nos llegan: por ejemplo, ¿cuáles son las palabras prohibidas? ¿Cuáles son aquellas palabras que nos gustaría que fueran borradas de la lengua, del diccionario? y ¿por qué las borraríamos?, quizás porque han hecho demasiado daño, quizás porque han servido más para destruir que para construir…

Hoy nuestra apuesta es pensar en aquellas palabras que han estado al servicio del bienestar humano, al servicio de la alegría de nuestros niños, palabras que calman, que remedian, que acompañan, que muestran caminos, que acogen, que contienen, que explican, que invitan al amor, al perdón, que dan ganas y convidan a engancharse al mundo y a la cultura.

Dos cosas quisiera ajustar al tema que nos convoca con respecto a las palabras y los productos discursivos de los niños y las niñas: ¿qué es un texto? y ¿quién es un buen receptor de ese texto? A partir de lo señalado por Fréderic Françoise[1] y de los diversos corpus de textos infantiles, se puede constatar que un texto es todo discurso (oral o escrito) que se encuentra en situación de percepción terciaria, fuera de las condiciones primarias de su enunciación. Un texto, existe en efecto y actúa independientemente de la forma en que ha sido producido.

Antes que hablar de tipos de textos cuyo inventario estaría cerrado, sería más interesante encontrar afinidades entre: el objeto del cual se habla, la manera de hablar y a quien se habla. De esta manera un texto nos ofrece una cierta figura del mundo al cual nos reenvía, una cierta organización de los enunciados para referirnos a ese mundo y un cierto tipo de interlocución ante un interlocutor percibido de manera particular (familiar o lejano, sabio o ignorante, a quien se ama o se teme, al que hay convencer o no…)

Sera un buen receptor aquel capaz de una alteridad en relación a los otros y a sí mismo, es un buen receptor aquella persona capaz de poner una distancia cultural y al mismo tiempo capaz de una empatía que le permitan seguir siendo si mismo sin llevar todo de su lado; la problemática de este tipo de recepción se une a aquella de la identidad, en el sentido de poder seguir siendo en relación con la percepción del otro. Esto quiere decir que el niño debe ser considerado como una persona “otra”, “entera” (y no como un modelo reducido del adulto) que posee una cultura diferente a la del adulto. Evidentemente y contrariamente a otros casos de alteridad, todo adulto ha sido un niño.

Con respecto a la segunda pregunta: ¿qué hace que se pueda ser un buen receptor de textos? Aquí nos posicionamos más del lado de la cultura y en consecuencia, el primer obstáculo cultural que dificulta una adecuada recepción de los textos infantiles, es el “adultocentrismo” espontaneo de los adultos, quienes solo vemos en las producciones infantiles las faltas en relación a nuestras propias producciones, tomadas como modelos. Esto hace que se deje de lado de una parte, la especificidad de los textos infantiles y, de otro lado su gran poder de invención. Viciados por esta dinámica, y ciegos por dirigir el inventario de errores y de faltas, nos privamos de ver la fuerza de los procesos de aprendizaje de los niños y las niñas, sabiendo que hablando y escribiendo “a su manera” todo niño aprende a hablar y a escribir. Sus producciones no son simplistas, ni extraordinarias; ellas son por naturaleza, dignas del más grande interés, humanamente y científicamente hablando.

Con este preámbulo presentamos en esta separata, tres de las ponencias que fueron parte del Coloquio, con el fin de poder socializar las reflexiones que desde la lingüística, la literatura y la creación literaria se han generado alrededor del tema de las palabras, las niñas y los niños.

[1] Filósofo y lingüista. Profesor de en el área de ciencias del lenguaje en la universidad René Descartes Paris V.